Reflejos XI (Segunda parte)

-Me siento especial, distinta, en paz conmigo misma, lo disfruto, no sé... Es complicado de explicar.

-¿Y quieres que te lo haga de alguna forma especial?-cambió de tema.

-Eso ya lo verás... De momento necesito que te quites los pantalones y todo lo demás.

-Que ansiosa te veo- y salió del agua, atendiendo a su petición, despojándose de su restante ropa húmeda, alegrándose la vista cuando vio su ropa interior pegada en los lugares exactos marcando sensualmente su masculinidad.

-Te quedan bien.

-¿El qué?- ya que él ajetreado por la ropa, era ajeno a su nada ingenua inspección.

-Los slips.

-Claro, he de mantener a mi audiencia cautivada y expectante.

-La verdad es que lo haces bien.

-De todas formas, sintiéndolo mucho me los quitaré- y dicho eso se los quitó, retorciéndolos para quitarles parte del agua.

-¿Te los piensas poner mañana?-bromeó ella.

-En realidad, me excita ver como no dejas de admirar ciertas partes que tengo por ahí abajo.

-No seas tan egocéntrico, es sólo que me preguntaba donde podría clasificar tu tamaño – le provocó.

-¿Y?

-Supongo que en la media- se encogió de hombros, pasando a abandonar el borde de la tina yendo hasta él y sentándose a sus pies.

-¿Querrías más?-preguntó pícaro, flexionadas las rodillas quedando a su altura, el tema de conversación estático sin apoyos en el aire.

En vez de contestar se lanzó contra él, cayendo ambos al suelo, ella tumbada sobre él, colocando una de sus rodillas bajo sus testículos buscando su perineo con frenesí, contoneándose contra él, sujetando sus muñecas para evitar que se moviera. Al hacerlo recorrió toda esa zona con delicadeza, dando sensuales caricias, arrancando gemidos placenteros de la garganta masculina, notando en su propia piel como se iba poniendo dura y erecta.

-Lo he encontrado-pronunció orgullosa de sí misma, pronto viéndose sorprendida, cuando los brazos de sus presa se liberaron yendo a sus nalgas. Sin ser capaz de detener el movimiento de su cuerpo, que de pronto se hallaba sentado sobre las piernas de él.-¿No te gustaba?

-Es que estoy ansioso, algo me dice que eso no es lo que querías.

-Tus deseos son órdenes, por hoy -se apresuró a añadir lo último.

Y pronto él adivinó su idea cuando se irguió levemente sobre su pene abriendo su entrada con sus manos. Haciendo un esfuerzo la detuvo obligándola a sentarse de nuevo.

-¿Pero qué....?

Antes de responderle, alargó su brazo a su pantalón no muy lejos de allí y frenéticamente buscó en los bolsillos, suspirando de alivio al dar con lo buscado.

-Ya has hecho tu elección, no podemos hacerlo como hasta ahora- resumió mostrándole el motivo de su detención.

-Así, ¿sin más?

-Que esperabas, ¿una ceremonia de decisión?-cuestionó rompiendo el envoltorio.

-Tal vez. De todas formas, ¿aquí también tenéis de eso?

-Pues no sé, yo los saqué de tu mundo.

-¿Acaso ya dabas por supuesta nuestra situación actual?-quiso saber, haciendo desaparecer aquello de sus mano.

-Quería demostrarte que a veces pienso con la cabeza, señorita impulsiva. Por otro lado, hombre prevenido vale por dos.

-¿Hombre, no sería mejor vampiro?

-En estas circunstancias ante todo se es hombre.

-Comprobémoslo- sorprendiendo a su compañero al acercársele, inclinándose levemente y deslizar suavemente desde la punta el látex a lo largo de toda su longitud.

-¿Retomamos lo que dejamos aparcado?

-Será un placer - la volvió a arrastrar hasta a él, provocando que se cayese bruscamente terminando en su regazo.

-Ansioso- y calló la réplica al acariciar tiernamente sus labios con los dedos.- Lo harás tú.

-¿El qué?- pronunció bajo ellos.

-Lo que provoca tu ansiedad-entonó cual reprimenda.

Y sin previo aviso, le separó las piernas y tras ello, con una mano buscó su entrada que procuró mantener abierta, y con la otra agarró su miembro guiándolo hasta allí. La penetró salvajemente, ensartando de golpe en su interior su hombría, arañando ella su espalda procurando no gemir, ahogándolo en su garganta. Mas esta vez él no se detuvo a esperar, la montó a horcajadas sobre él sin permitirle liberar un centímetro de sus dos sexos unidos. Al no notar respuesta en ella, que seguía aferrada a él, empezó a preocuparse.

-¿Te he hecho daño?

-Sí, pero me gusta-le tranquilizó, desligándose de él y enfrentándolo-. Supongo que ahora me toca a mí.

-Sí...

-De todas formas porque no miras allí-dijo señalando hacía arriba.

Le extrañó la sugerencia, aún así, la siguió y vio las dos figuras reflejadas en el espejo del techo casi estáticas, observando y sintiendo como ella se empezaba a mover sobre él, arrastrándose como una serpiente hacía adelante y descendiendo lentamente, tal pareciera que estuviese masajeando el intruso dentro de ella. Deteniendo su acción, pasó instantáneamente a alzarse levemente para volver a bajar con rapidez, apoyándose en su pecho, cual amazona. Él gimió de placer, debido al movimiento encima suyo que lo deleitaba de gozo, unido a la excitación incrementada por el morbo de verse a ellos mismos tanto en el espejo del techo como en lo de los laterales, nunca perdiendo de vista sus senos danzando sensualmente, las oscilaciones de su cuerpo contempladas de perfil, cuyo poder hipnótico le hacía incapaz de apartar los ojos de esos movimientos que ayudaban a la sensación de sus paredes apretarse entorno a él. Perdido en sensaciones creadas por ella, no la notó echándose para atrás hasta quedar tumbada de cara al techo, aún enlazada a él, pudiendo contemplar así, sus manos afianzarse en sus muslos apretándose todo lo posible contra ella, buscando su clítoris.

Ella disfrutaba de la acción, arqueando la espalda sobre el suelo, restregándose con ansía contra él. Excitada ahora también ella por el hecho de ver su cara de satisfacción, incrementada al sentir cosquillas en su pubis, surgidas por el transcurrir de sus dedos en los rizos de su sexo, jugando y enredándose con ellos, fascinada por lo erótico de la situación. Sin notarlo, se masajeó sus propios pechos pellizcando los pezones, deseando alcanzar el clímax a la mayor brevedad posible, percatándose del hecho que estaba próximo.

Él fue consciente de que estaba a punto de llegar, por los fluidos húmedos en el interior de ambos, buscando su misma posición en el suelo, ambos viéndose en lo alto, sus cuerpos desnudos agitados, el bello rizado de ambos entremezclado formando uno sólo, él estimulado más si cabe por la forma salvaje y desesperada de restregarse sus pechos, y ella disfrutando además el roce de sus testículos en la sensible piel de esa zona. Y sin detenerlo y embriagados por la atmósfera, alcanzaron el momento a la vez, gimiendo de gozo al liberar la pasión desbordante y arrolladora, corriéndose él en la evidente humedad de ella, que a pesar de todo percibía, cayendo exhaustos contra el suelo, resonando sus respiraciones agitadas en los oídos del otro.

Pasaron unos breves minutos, cada uno perdido en sus propias sensaciones, hasta que él se incorporó y renuentemente se alzó saliendo de ella, anhelando su calor al instante, abandonada su calidez. No obstante, no se permitió alargar su duración, ya que enseguida se tumbó a su lado, recostando su cabeza sobre su pecho, entrelazando sus manos. Ella notó el vacío en su interior, reemplazado por una sensación sedosa contra su torso, habiéndose él recostado allí, con una expresión de serenidad en su rostro. Tiernamente empezó a acariciarle el pelo, deteniéndose al escuchar su respiración pausada otorgada al dormir, pasando a abrazarle como a un niño, buscando acompañarle a su mundo onírico, algo que no tardó en conseguir.



Se desveló al percibir el leve sonido de una puerta al ser cerrada, no hallando a simple vista fuera de la normal. Nada excepto aquel cuerpo masculino que reposaba junto a ella, al que abrazaba firmemente sin haber aflojado su abrazo un ápice en sueños.

-Eres como un niño-susurró en voz baja.

-Sólo cuando estoy junto a ti-respondió él, sobresaltándola y liberándole de su abrazo.

-Siento haberte despertado.

-No pasa nada, me desvelo enseguida-explicó levantándose del suelo quedando frente a ella.

-Pues con la rapidez con la que te dormiste cualquiera lo diría.

-Ya te lo he dicho, porque estoy contigo.

-¿A dónde vas?-cambió ella de tema al verle alejarse.

-Teníamos que irnos, ¿recuerdas?

-Sí...

-Y bueno, supongo que será mejor bañarse y prepararse, no es plan de presentarse así- comentario ante el que se dio cuenta de la desnudez de ambos.

-¿Y la ropa?

-Aquí está, la ha traído Ekain mientras dormíamos-le mostró la ropa cuidadosamente plegada colocada sobre un vestidor oculto tras una columna-. Además ha cambiado el agua, deberíamos apresurarnos.

Ante el inmutable silencio envolvente y la inactividad de ella, decidió que era hora de apresurar las cosas, por lo que volvió junto a ella y la cogió en brazos.

-¿Q-qué haces?- quiso saber, sorprendida por su impulsividad.

-Si tienes miedo al agua deberías habérmelo dicho, lo habría solucionado- bromeó yendo hasta el borde y dejándola caer al agua de repente, siguiendo él el mismo destino, zambulléndose y aferrando por la cintura a su desconcertada presa que sin apenas tiempo de recuperar su respiración se vio arrastrada bajo el agua, donde unos labios sellaron los suyos, apartándose tras un breve roce, siendo nuevamente guiada a la superficie con igual impulsividad.

-¿Eso a que vino?-fue su molesta pregunta.

-Quería probarlo.

-¿Y si me hubiese ahogado?

-Ten por seguro que estando conmigo jamás lo hubiese permitido-respondió serio.

-Nunca se sabe. De todas formas, déjate de tantos juegos, tenías prisa si mal no recuerdo.

-Cierto, ¿te importa si me baño contigo? Ahorramos tiempo.

-No, a mi no me importa. El único con problemas respecto a eso, eres tú-le recordó con toda la intención.

-Haré un esfuerzo, y creo que lo mejor será que te bañe yo, la tortura será menor que verte hacerlo.

-¿Qué?

-Venga, pórtate bien y déjate-pidió introduciendo las manos en su larga cabellera.

-¿Y qué tiempo ahorramos de esa forma?

-Está bien, pero algún día lo haré, avisada quedas. Eso sí, mejor de espaldas...

Ella no esperó más tiempo y se giró, dispuesta a empezar, pero le faltaba algo.

-¿Edwing?

-¿Sí?

-¿Con que me lavo el pelo?

-Ah sí, claro-y presintió su acto de estar pasándole algo.

Se giró y cogió lo demandado de su figura de espaldas, procediendo a ello. Pasados unos minutos, notó al vaivén del agua entorno a su cuerpo, y a él abandonándola.

-¿Dónde vas?

-Ya he terminado.

-Ah...

-Tú tómate tu tiempo.

Se sumieron ambos en el silencio, siendo el roce de la ropa contra la piel masculina y el suave fluir del agua, lo único que lo rompía. Y así persistía, al alzarse ella tras haber finalizado, yendo a la figura de espaldas del rincón.

-¿Qué ropa me pongo?

Él se giró, topándose con su cuerpo desnudo, chorreando agua sobre las baldosas, el pelo húmedo agarrado a sus formas. Tragó saliva antes de recordar su locuacidad.

-¿No usabas toallas antes?-respondió su interrogación con otra.

-Sí, pero no sé donde están aquí.

Era cierto, pensó él. Muy observador habría que ser, para notar las toallas de las columnas, confundiéndose con la propia textura que las sostenía.

Se alejó con aquel rumbo, apartándose y dejarla enfrentándose a su reflejo recobrado en el espejo del vestidor. Su doble le devolvía unos ojos llenos de asombro, al percatarse de que lo había recuperado, y además, al ver una larga toalla enroscarse entorno a su forma, sostenida invisiblemente, algo que negaban los dedos que ella sentía contra su piel.

-No te veo...

-Los vampiros no lo hacemos-mencionó, centrado en su tarea de secarla.- Levanta los brazos.

Ella obedeció, formulándose otra pregunta en mente, al verse así misma en aquella posición.

-¿Tú me ves a mi? En el espejo quiero decir.

-Claro.

-¿Y qué sientes?

Se detuvo, él ahora admirando el cuerpo voluptuoso de la imagen.

-Que sino tuviésemos otras cosas más apremiantes que hacer, no te dejaría salir de aquí durante bastante tiempo, y ni que decir tiene, que no me harían falta ni toallas ni ropa.

-Empiezo a creer que sólo piensas con una parte de tu anatomía. Pero me refería a si no se te hace extraño, no ser capaz de verte a ti mismo, tu aspecto, tu cara, conocer cómo eres...

-No... Yo nací así, jamás he echado en falta el verme reflejado. Lo que nunca has poseído, es algo que jamás aprendes a necesitar.

-¿Y no tienes curiosidad por ver tu aspecto?

Él se encogió de hombros, reposando la toalla ahora sobre los hombros desnudos.

-Tal vez si fuera otra persona, sí. Pero créeme, mis preocupaciones divergen de esa. Además aquí, en vez de fotógrafos, tenemos pintores.

-¿Y cómo sabes si llevas un aspecto presentable cuando has de reunirte y similares?

-Me fío de Ekain.

-Tan mayorcito y necesita niñera hasta para vestirse.

-Por algo es en parte mi consejero. Te aseguro que si me vistiera acorde a mis deseos perdería toda credibilidad.

-Eso es algo que me gustaría ver.

-Algún día, si tenemos tiempo te concederé el deseo. Ahora vístete anda- se separó unos pasos de ella, los justos para apoyarse en unas de las columnas cruzado de brazos, perdida la mirada. Transcurrieron unos minutos, en los que nada aparente ocurrió, salvo que ella divaga por pensamientos lejanos frente al espejo, inmóvil, y él la estudiaba pacientemente, la curiosidad aumentando al verla parada.

-¿Qué ocurre? – se acercó a ella, preocupado, parándose a su espalda.

-Me estaba preguntando una cosa…

-¿Qué cosa?

-¿Prometes no tomártelo a mal?

-Miedo me das cuando empiezas así, pero sí, ya sabes que te lo prometo.

-Tú, quiero decir, vosotros, ¿tenéis alas?



-¿Prometes no tomártelo a mal?

2 comentarios:

Mm Alas? En serio? xD
Mm a ver que dirá, que me has dejado con la intriga:P
Besoos!

 

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